Cuando el templo cae, la fe permanece
Mateo 24:1–20 — En medio de la conmoción y la alarma, confía en el Cristo que lo anunció de antemano.
Y saliendo Jesús del templo, se iba caminando, y sus discípulos se acercaron a él para mostrarle los edificios del templo. Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todas estas cosas? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, se llegaron a él sus discípulos en privado, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo? Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis; porque es necesario que todo esto acontezca; pero el fin todavía no es. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es el principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las naciones por causa de mi nombre. Y entonces muchos se ofenderán, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en el terrado, no descienda a tomar las cosas de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. Entonces, si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo, o allí; no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos. He aquí, os lo he dicho antes. Si, pues, os dijeren: He aquí, está en el desierto; no salgáis: He aquí, está en las cámaras; no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. Pero inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. Aprended de la higuera la parábola: cuando ya su rama se pone tierna, y brota las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación, hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo el Padre. Y como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo; uno será tomado, y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será tomada, y la otra dejada. Velad, pues; porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, que puso su señor sobre su familia para que les dé alimento a su tiempo? Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
Mateo 24:1–20 (LBLA). Los discípulos admiran el templo de Herodes; Jesús dice que no quedará piedra sobre piedra. Sentado en el monte de los Olivos, responde a su triple pregunta sobre el tiempo, su venida y el fin del siglo, fortaleciendo a sus discípulos contra el engaño, las guerras, las persecuciones y la «abominación de la desolación» al exhortarles a una fe firme.