Ciudades de Refugio y el Acto de Confiar
En las llanuras de Moab, seis ciudades de refugio toman forma: una provisión divina para el involuntario, y un retrato de la fe en marcha.
DIOS habló a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, cerca de Jericó, diciendo: Ordena a los hijos de Israel que de las heredades que posean, den a los levitas ciudades en las cuales habiten, y también вокруг de esas ciudades, praderas para sus ganados. Las ciudades serán para que habiten en ellas, y las praderas serán para sus ganados, y para todas sus bestias. Y las praderas de esas ciudades, que daréis a los levitas, будут de mil codos alrededor del muro de la ciudad. Mediréis, pues, fuera de la ciudad dos mil codos al oriente, dos mil codos al sur, dos mil codos al occidente, y dos mil codos al norte, quedando la ciudad en medio. Esto será para ellos las praderas de sus ciudades. De las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allí; además de estas, daréis cuarenta y dos ciudades. Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus praderas. Y de las ciudades que diereis a los levitas, de la posesión de los hijos de Israel, tomaréis más de los que tienen mucho, y menos de los que tienen poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la heredad que posea. Habla además el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando paséis el Jordán a la tierra de Canaán, os señalaréis ciudades, las cuales serán ciudades de refugio para vosotros, para que se refugie allí el homicida que hiriere a alguno por error. Y estas ciudades os servirán de refugio del vengador, y no morirá el homicida hasta que comparezca ante la congregación para el juicio. De las ciudades, pues, que daréis, seis serán ciudades de refugio. Tres ciudades daréis de este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; ciudades de refugio serán. Estas seis ciudades servirán de refugio a los hijos de Israel, y al peregrino y al que more entre ellos, para que allí se refugie todo aquel que hiriere a otro por error. Pero si alguno hiriere a otro con instrumento de hierro, y aquél muere, homicida es; el homicida morirá. Y si le hiriere con piedra de mano, de que pueda morir, y muere, homicida es; el homicida morirá. Y si le hiriere con instrumento de madera de mano, de que pueda morir, y muere, homicida es; el homicida morirá. El vengador de la sangre matará al homicida; cuando lo encontrare, él le matará. Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por manojo, y muere, o por enemistad lo hirió con su mano, y muere, el que lo hirió morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare. Pero si por casualidad lo empujó sin enemistad, o echó sobre él cualquier instrumento sin propósito, o sin saber hizo caer sobre él alguna piedra, de que podía morir, y muere, y aquél no era su enemigo ni procuraba su mal; entonces la congregación juzgará entre el que hirió y el vengador de la sangre, conforme a estas leyes. Y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, a la cual se había acogido; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el óleo santo. Pero si el homicida saliere fuera del límite de la ciudad de refugio, a la cual se acogió, y el vengador de la sangre le encontrare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no será culpable de sangre; porque el homicida debía estar en la ciudad de su refugio hasta que muriese el sumo sacerdote; y después de la muerte del sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión. Estas son las cosas que pondréis por ley, y por costumbre en todas vuestras generaciones, en todas vuestras habitaciones. Cualquiera que diere muerte a alguno, por testimonio de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no será suficiente para que alguno muera. No recibiréis rescate por la vida del homicida que cometió maldad, porque morirá indefectiblemente. Ni recibiréis rescate por el que se acogió a su ciudad de refugio, para que vuelva a habitar en su tierra antes que muera el sumo sacerdote. No contaminaréis, pues, la tierra en que habitáis; porque la sangre es la que contamina la tierra; y la tierra no será expiada de la sangre que en ella se derramó, sino por la sangre del que la derramó. No contaminaréis, pues, la tierra en que habitáis, en la cual yo habito; porque yo JEHOVÁ habito en medio de los hijos de Israel.
Números 35:9–15 establece que Dios mismo ordena las ciudades de refugio: seis ciudades donde cualquier homicida—israelita o residente extranjero—que haya matado sin intención puede huir del vengador. La disposición es covenantal, geográfica e inequívocamente misericordiosa.