Cuando los fieles desaparecen, las palabras de Dios permanecen refinadas como la plata.
La fe no se deposita en los hombres, sino en el Dios que guarda su pacto aun cuando la mentira llena el aire.
Para el director; sobre la sheminith. Salmo de David. ¡Socorre, oh ETERNO!Porque los fieles ya no existen;los leales han desaparecido de entre los mortales. Los hombres hablan mentira a su prójimo;hablan con labios lisonjeros;con doblez en su hablar. Destruya DIOS todos los labios lisonjeros,la lengua que habla con arrogancia. Los cuales dicen: “Con nuestra lengua prevaleceremos;nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor sobre nosotros?” “Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados,ahora me levantaré,” dice DIOS.“Lo pondré a salvo,” [Dios] afirma. Las palabras de DIOS son palabras puras,plata refinada en horno de tierra,purificada siete veces. Tú, oh ETERNO, los guardarás,preservándolos de esta generación para siempre. En torno andan los impíoscuando la vileza es exaltada entre los mortales.
El Salmo 12 comienza con un lamento impactante: los fieles han desaparecido. Sin embargo, el salmo no termina en la desesperación. Dios promete actuar a causa de los oprimidos, y sus palabras —refinadas como la plata purificada siete veces— se convierten en el fundamento seguro de la confianza. El movimiento del salmo va desde el derrumbamiento de la fiabilidad humana hasta la pureza inquebrantable del habla divina.