Cuando la oscuridad presiona, clama aún a Dios
Salmo 43 enseña que la verdadera fe significa clamar a Dios aun cuando el alma está abatida, y elegir la alabanza aun en medio de la decepción.
Defiéndeme, oh Dios, defiende mi causa contra gente infiel; líbrame de hombres traidores y desleales. Porque Tú eres mi Dios, mi fortaleza; ¿por qué me has rechazado? ¿Por qué he de andar en tinieblas, oprimido por el enemigo? Envía tu luz y tu verdad; ellas me guiarán; me llevarán a tu monte santo, a tu morada, para que pueda llegar al altar de Dios, Dios, mi delicia, mi gozo; para que te alabe con el arpa, oh Dios, mi Dios. ¿Por qué te abates, alma mía, por qué te conturbas dentro de mí? Espera en Dios; todavía le daré alabanza, mi ayuda siempre presente, mi Dios.
Salmo 43 es un texto íntimamente ligado al Salmo 42; juntos forman un lamento sostenido en el que el salmista lucha entre la desesperación y la esperanza, anclando finalmente la fe no en las circunstancias, sino en el carácter inmutable de Dios.