Fe y confianza

Confiar en el Dios que nos sostiene día a día

El Salmo 68 nos llama a confiar en el Dios que triunfa, que defiende al vulnerable y que nos sostiene día a día.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
TraducciónESV
Salmos 68:1-20
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Para el director. De David. Salmo. Cántico. Se levantará Dios;serán esparcidos sus enemigos,y de delante de él huirán sus adversarios. Como se disipa el humo, los disiparás;como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. Pero los justos se alegrarán;se gozarán delante de Dios,y saltarán de alegría. Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre;ensalzad al que cabalga sobre las nubes,al que su nombre es Yah. Regocijaos en la presencia de Dios— el tutor de los huérfanos, el defensor de las viudas,Dios, que mora en su santuario. Dios hace volver a los solitarios a su hogar,saca libres a los presos con bien,mas los rebeldes habitan en tierra seca. Oh Dios, cuando saliste a la cabeza de tu ejército,cuando marchaste por el desierto, selah la tierra tembló, los cielos gotearon a causa de Dios,aquel Sinaí, a causa de Dios—el Dios de Israel. Enviaste lluvia generosa, oh Dios;cuando tu tierra estaba agotada, la sustentaste. Tu tribu habita allí;oh Dios, en tu bondad sustentas al necesitado. Mi Soberano da un mandamiento;las mujeres que traen la victoria son gran multitud: “Los reyes y sus ejércitos huyen en desbandada;las mujeres en casa reparten los despojos; aun para los que yacían entre los redileshay alas de paloma cubiertas de plata,sus plumas en oro fino.” Cuando Shaddai esparció a los reyes,fue como nevada en Zalmon. Oh monte majestuoso, monte de Basán;oh monte escarpado, monte de Basán; ¿por qué sois tan hostiles, oh montes escarpados,hacia el monte que Dios deseó para su morada? DIOS morará allí para siempre. Los carros de Dios son millares de millares,miles sobre miles;mi Soberano está entre ellos como en Sinaí en santidad. Subiste a las alturas, llevando cautivos,recibiendo tributo de pueblos,incluso de los que se rebelancontra la morada allí de Yah—que es Dios. Bendito sea mi Soberano,que día tras día nos sostiene—Dios, nuestra salvación. Selah. Dios es para nosotros un Dios de salvación; DIOS mi Soberano provee escape de la muerte. Dios quebrantará las cabezas de todos los enemigos,la coronada cabeza del que anda en culpa. Mi Soberano dijo: “Traeré de Basán,traeré de las profundidades del mar; para que tu pie se bañe en sangre,para que la lengua de tus perros tenga su porción de tus enemigos.” La gente ve tus procesiones, oh Dios,las procesiones de mi Dios, mi rey,hacia el santuario. Van primero los cantores, luego los músicos,en medio de doncellas tocando panderos. En las asambleas bendecid a Dios, Eterno, vosotros los que provenís de la fuente de Israel. Allí está el pequeño Benjamín que los gobierna,los príncipes de Judá que los mandan,los príncipes de Zabulón y Neftalí. Tu Dios ha decretado fuerza para ti,la fuerza, oh Dios,que mostraste para nosotros desde tu templo sobre Jerusalén.Los reyes te traen tributo. Aplasta al monstruo del cañaveral,la manada de toros entre los pueblos, los becerros,hasta que se acerquen rendidos con piezas de plata. ¡Esparce a los pueblos que se deleitan en guerras! Los que traen tributo vendrán de Egipto;Etiopía se apresurará con sus dones a Dios. Oh reinos de la tierra,cantad a Dios;cantad salmos a mi Soberano, selah al que cabalga sobre los antiguos cielos altísimos,que truena con voz poderosa. Atribuid poderío a Dios,cuya majestad es sobre Israel,cuyo poder está en los cielos. Eres temible, oh Dios, en tus santuarios;es el Dios de Israel quien da poder y fortaleza al pueblo.Bendito sea Dios.

Salmo 68:1–20 avanza desde una visión de la victoria decisiva de Dios sobre sus enemigos, pasando por su cuidado hacia los huérfanos, las viudas y los solitarios, hasta una dramática re-narración de su marcha desde Sinaí, y finalmente al clímax de adoración: «Bendito sea el Señor, que diariamente lleva nuestra carga» (v. 19).

Narration

Estableciendo la escena

El Salmo 68 se abre con un grito de guerra—"Levántese Dios, que sus enemigos se dispersen"—y la misma convocación triunfal resonó después en el campamento de Israel cada vez que el arca se ponía en marcha (Números 10:35). Compuesto para David y probablemente ampliado para uso litúrgico posterior, el salmo reúne tres grandes actos de Dios en un solo cántico: la marcha conquistadora desde Sinaí, las victorias de los días de David y el ascenso procesional a Sion, donde Dios "habitará para siempre" (Salmo 68:16–17). El versículo 19 reúne entonces toda la teología del cántico en una sola frase de adoración: "Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra carga, Dios que es nuestra salvación." (Versión ESV; la palabra hebrea para "carga" / כַּעֲמָסוֹ es debatida, pero generalmente se entiende como "nuestra carga" o "nosotros.") El salmo también ancla los actos poderosos de Dios en Su tierno carácter. Él es el "padre de los huérfanos, protector de las viudas" (v. 5); Él "hace habitar en casa a los solos" y "saca a los presos con canto" (v. 6, tradición LXX). El juicio cae sobre los rebeldes (vv. 1–2, 6, 18), pero la salvación y la gracia sustentadora diaria caen sobre Su pueblo (vv. 10, 19, 20). El arco del cántico no es, por tanto, teología abstracta, sino una confesión de que el Dios que pelea por Su pueblo es el mismo Dios que los lleva.

Cruzando el tiempo y el espacio

Ambientada en la era del reino unido, esta reflexión conecta el desierto del monte Sinaí con el Sion davídico de Jerusalén, trazando la fidelidad de Dios al pacto desde la teofanía del Sinaí hasta la adoración entronizada en la ciudad de David.

Lo que significa la fe aquí

En el Salmo 68 la fe no es un sentimiento privado; es la respuesta a un Dios que ha actuado, que actúa ahora y que actuará de nuevo. Surgen tres características de esta fe: 1) La fe confía en un Dios que interviene de manera decisiva. «Dios se levantará» (v. 1) es una confesión de que la historia no es un sistema cerrado de causa y efecto. El Dios del éxodo aún se levanta; la dispersión de sus enemigos es un rasgo permanente de su carácter, aun cuando su时机 quede oculto. 2) La fe confía en un Dios que defiende a los humildes. La mención repetida de los huérfanos, las viudas, los solos y los presos (vv. 5–6) muestra que el poder de Dios no es abstracto; está dirigido a aquellos que el mundo pasa por alto. Confiar en este Dios es encomendar nuestros momentos más vulnerables—nuestra soledad, nuestras pérdidas, nuestro cautiverio—a su cuidado específico. 3) La fe confía en un Dios que nos lleva cada día. El versículo pivotal, «Bendito sea el Señor, que lleva nuestra carga cada día» (v. 19), define la fe como dependencia sostenida, no como una única decisión heroica. La gramática hebrea implica acción continua—el Señor es, día tras día, el que levanta nuestra carga. Tal confianza se ejerce en pequeños y repetidos actos de recibir: levantarse, trabajar, llorar, esperar—cada uno colocado en manos ya llenas de nuestro peso. Juntas, estas tres características definen la fe bíblica: una confianza firme en el Dios del éxodo, expresada en el cuidado de los vulnerables, vivida en el encargo diario de nosotros mismos a su guarda.

Viviendo esta fe hoy

¿Cómo encarnamos entonces la fe del Salmo 68 en la vida cotidiana? Primero, podemos orar la primera línea del salmo sobre cada situación imposible: "Que Dios se levante". Cuando la injusticia se siente permanente o nuestros enemigos parecen atrincherados, esta oración reordena nuestra imaginación. Rechaza la suposición de que el mal presente es definitivo. Segundo, podemos convertirnos en el tipo de personas que el salmo describe que Dios es: defensores de los huérfanos, visitantes de los solitarios, abogados de los presos. La fe que confía en el carácter de Dios expresa naturalmente ese carácter. No podemos cantar "el Señor hace que los solitarios vivan en familias" sin convertirnos en una comunidad donde las personas solitarias encuentren un lugar. Tercero, podemos dejar de fingir que nos llevamos a nosotros mismos. Muchos de nosotros despertamos cada día cargando pesos invisibles: ansiedad, arrepentimiento, duelo, responsabilidad. El salmo nos invita a comenzar el día con el tranquilo reconocimiento: "El Señor lleva mi carga hoy". La fe no es la ausencia de peso; es la transferencia de peso sobre hombros que pueden sostenerlo. Esto podría verse como cinco minutos de silencio antes de que comience el día, nombrando lo que no podemos cargar y confiando en Aquel que ya lo hace. Finalmente, podemos ensayar juntos la teología de juicio y misericordia del salmo. El juicio es real (vv. 1–2, 21); la misericordia también es real (vv. 5–6, 19). La fe cristiana no los opone entre sí: confiesa que el Dios que se opone a los rebeldes es el mismo Dios que "nos lleva cada día". Confiar en este Dios es sostener ambas verdades sin retroceder.

Reflexión

Existe un tipo particular de cansancio que viene de cargar la propia vida. Es el cansancio de la autosuficiencia, de demostrar que uno es competente, de ser quien sostiene todo junto. A ese cansancio el Salmo 68:19 habla como agua fresca: "Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra carga." La palabra hebrea traducida como "carga" o "peso" ha sido vertida de diversas maneras, pero la realidad pastoral es clara: el Señor es, día tras día, Aquel que levanta lo que nosotros no podemos levantar. No se trata de un rescate ocasional; es fidelidad diaria, sostenida, de pacto. Así que quizá hoy la respuesta de fe más sencilla sea dejar de伸er la mano hacia la carga. Detenerse lo suficiente para sentir que está siendo tomada. Y entonces, libres de la necesidad de demostrarnos a nosotros mismos, recorrer el día con las manos abiertas —dispuestos a defender al vulnerable, dispuestos a regocijarnos ante Dios, dispuestos a declarar con el salmista: "Dios es nuestro Dios de salvación, y de Dios el Señor vienen los escapes de la muerte" (Salmo 68:20).

Preguntas frecuentes

¿Qué significa "cargar cada día con nuestra carga" en el Salmo 68:19?

La forma verbal hebrea sugiere una acción continua: el Señor es, día tras día, el que lleva la carga de su pueblo. No se trata de un rescate ocasional, sino de una fidelidad sostenida del pacto; el mismo Dios que salvó a Israel en el Sinaí es, cada mañana ordinaria, el que levanta lo que nosotros no podemos levantar.

Si Dios es el Rey victorioso, ¿por qué Su pueblo aún sufre?

Salmo 68 sostiene el juicio y la misericordia juntos. Dios dispersa a los impíos (vv. 1-2), pero también entra en nuestro sufrimiento: es padre de los huérfanos, defensor de las viudas, hogar para los solitarios (vv. 5-6). Confiar en Él no es el fin del sufrimiento, sino la experiencia de ser llevado a través de él.

¿Cuál es la diferencia entre fe y confianza en este salmo?

La fe (信心) es el contenido que confesamos después de ver los actos de Dios: Su resurrección, Su victoria, Su sostén. La confianza (信靠) es el acto diario de entregar nuestra carga real a este Dios. La primera es ver; la segunda es encomendar. El Salmo 68 convoca ambas a la vez.

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