El Fundamento de la Resurrección: La Fe se Apoya en la Victoria de Cristo
En 1 Corintios 15, Pablo proclama el corazón del evangelio: Cristo murió, fue sepultado y resucitó conforme a las Escrituras.
Ahora os hago conocidos, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también permanecéis, por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os he predicado, a menos que hayáis creído en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día según las Escrituras; y que apareció a Cefas; y después a los doce; y después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayor parte permanecen hasta ahora, aunque algunos han dormido; y después apareció a Jacobo; y después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí también. Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia derramada en mí no ha sido en vano; antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. Así que, o yo o ellos, así predicamos, y así habéis creído. Pues si se predica que Cristo resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Más aún, somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo han perecido. Si solo esperamos en Cristo en esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron. Porque por cuanto por hombre vino la muerte, también por hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya abatido todo principado y toda potestad y poder. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas ha sujetado debajo de sus pies. Pero cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas, claro está que exceptúa al que le sujetó todas las cosas. Y cuando todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué también se bautizan por ellos? ¿Y por qué estamos en peligro a toda hora? Os jago, hermanos, por la gloria que tengo de vosotros en Cristo Jesús nuestro Señor, que cada día muero. Si como hombre batallé en Éfeso contra bestias, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No os dejéis seducir: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad con justicia, y no pequéis; porque algunos no tienen conocimiento de Dios; para vergüenza vuestra hablo esto. Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si antes no muere. Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, tal vez de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como quiere, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne; sino que una carne es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves. Hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero la gloria de los celestiales es una, y la gloria de los terrenales es otra. Hay una gloria del sol, y otra gloria de la luna, y otra gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra estrella en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucita en incorrupción; se siembra en deshonra, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita en poder; se siembra cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, hay también cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
1 Corintios 15:1-20 (ESV) — La declaración fundacional del evangelio según Pablo, en la cual la resurrección de Cristo es la piedra angular sobre la que la fe cristiana se sostiene o cae. Él enumera a los testigos presenciales —Cefas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacobo, todos los apóstoles, y finalmente a sí mismo— fundamentando la fe en el testimonio histórico.