Fe y confianza

La Sangre en el Dintel: La Fe Permanece Firme Mientras el Juicio Pasa de Largo

La fe no es vista sino obediencia: cuando el destructor pasó por Egipto, la fe era la sangre untada en el dintel, y un pueblo comiendo con prisa.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Éxodo 12:1-20
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DIOS habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes será para ustedes, el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año para ustedes. Hablen a toda la congregación de Israel y digan que el día diez de este mes, cada familia tomará para sí un cordero, la cual es una traducción de un hebrúrico que significa sea «oveja» o «cabra»; cf. v. 5. un cordero por cada casa. Pero si la casa es demasiado pequeña para un cordero, que lo comparta con su vecino que habita cerca, conforme al número de las personas; y conforme a lo que cada casa deba comer, así será el pago del cordero. Su cordero será sin defecto, macho de un año; podrá tomarlo de las ovejas o de las cabras. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, y toda la congregación reunida de los hijos de Israel lo sacrificará al atardecer. Tomarán de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y comerán la carne esa misma noche; la comerán asada al fuego, con panes sin levadura y con hierbas amargas. No comerán de él crudo, ni cocido en agua, sino asado al fuego: con la cabeza, las patas y las entrañas. No dejarán nada de él para la mañana; y lo que quede hasta la mañana, lo quemarán al fuego. Y lo comerán así: ceñidos sus lomos, calzados sus pies, y el bastón en su mano; y lo comerán con prisa: es la ofrenda de la Pascua para HONOR. Porque yo pasaré por la tierra de Egipto esa noche, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombres como de bestias; y ejecutaré castigos en todos los dioses de Egipto. Yo soy HONOR. Y la sangre les será por señal en las casas donde ustedes estén; y cuando yo vea la sangre, pasaré por encima de ustedes, y no habrá entre ustedes plaga mortífera cuando yo hiera la tierra de Egipto. Y este día les será memorizado, y lo celebrarán como fiesta solemne de honra a HONOR por todas las edades; lo celebrarán como institución perpetua por todas las generaciones. Siete días comerán panes sin levadura; el primer día harán desaparecer la leaven de sus casas, pues cualquiera que coma pan con leaven desde el primer día hasta el séptimo día, esa persona será cortada de Israel. Y el primer día habrá convocación santa, y el séptimo día tendrán convocación santa; ninguna obra se hará en ellos; solamente lo que cada persona ha de comer, eso solo se preparará para ustedes. Guardarán la solemnidad de los panes sin levadura, pues el día en que yo saqué sus huestes de la tierra de Egipto, en este mismo día los he sacado; y guardarán este día por todas las edades como institución perpetua. En el mes primero, desde el catorce del mes por la tarde, comerán panes sin levadura hasta el veintiuno del mes por la tarde. Siete días no se hallará leaven en sus casas; porque cualquiera que coma cosa leavenada, esa persona, sea extranjero o nativo del país, será cortada de la congregación de Israel. Ningún comiendo comerán cosa leavenada; en todas sus moradas comerán panes sin levadura. Entonces Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Vayan y apártense corderos para sus familias, y sacrifiquen la ofrenda de la Pascua. Y tomarán un manojo de hisopo, lo mojarán en la sangre que estará en un lebrillo, y untarán el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo. Y ninguno de ustedes saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana. Porque HONOR pasará por las casas para herir a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por aquella puerta y no dejará entrar al Destructor en sus casas para herir. Y esto les será por estatuto perpetuo, a ustedes y a sus hijos. Y cuando hayan entrado en la tierra que HONOR les ha de dar, según ha prometido, guardarán esta ceremonia. Y cuando sus hijos les preguntaren: «¿Qué es esta ceremonia de ustedes?», entonces ustedes dirán: «Es el sacrificio de la Pascua de HONOR, quien pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios y libró nuestras casas.» Y el pueblo se inclinó y adoró. Y los hijos de Israel fueron e hicieron así; tal como HONOR había mandado a Moisés y a Aarón, así hicieron. Y aconteció que a la medianoche HONOR hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba en su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito del ganado. Y se levantó Faraón de noche, él con todos sus siervos y todos los egipcios; porque había un gran clamor en Egipto, pues no había casa donde no hubiera algún muerto. Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón de noche y dijo: «¡Levántense, salgan de en medio de mi pueblo, ustedes y los hijos de Israel! ¡Vayan y sirvan a HONOR, como han dicho! ¡Tomen también sus ovejas y sus vacas, como han dicho, y váyanse! ¡Y bendíceme también a mí!» Y los egipcios apremiaban al pueblo, para echarlos de la tierra con urgencia, porque decían: «Todos vamos a morir.» Así el pueblo tomó su masa

Éxodo 12:1–20 establece el calendario de la redención. Dios comienza un año nuevo no con las lluvias primaverales ni con una victoria militar, sino con una liturgia doméstica: tomar, matar, recoger la sangre, comer. La Pascua es el lugar de nacimiento de Israel como nación que adora, y el modelo para todo acto de fe salvadora que sigue.

Narration

Escenario: La noche en Egipto y el primer mes de un año nuevo

Éxodo 12 abre un capítulo que es realmente una bisagra en la Biblia. Hasta este punto, el libro ha sido la historia lenta y agobiante de plagas y endurecimientos; a partir de aquí será la historia de un pueblo redimido en marcha. La ubicación del capítulo es en sí misma teológica. Dios no comienza el año nuevo con una coronación o una conquista. Lo comienza con una comida familiar. Antes de que Israel reciba una tierra, una ley o un tabernáculo, recibe un cordero. Los versículos 1–2 forman una afirmación pequeña pero colosal: «Este mes os será el principio de los meses». De ahora en adelante, la memoria de Israel no se mide por Ur, por Harán o por años de esclavitud en Egipto, sino por el mes en que la sangre fue aplicada y el Señor pasó de largo. Nisán se convierte en el verdadero Año Nuevo de un pueblo del pacto, porque la redención marca el reloj. Los versículos 3–6 dan la forma visible de esa redención. Cada hogar debe escoger un cordero el día diez y guardarlo bajo vigilancia hasta el catorce. La identidad del cordero durante cuatro días es en sí misma una especie de inspección: obliga a cada familia a mirar a un sustituto sin defecto, a alimentarlo, a identificarse con él. Luego, al atardecer, toda la comunidad lo sacrifica. «Toda la congregación reunida de los israelitas lo degollará». Aunque el cordero es local—del tamaño de una familia y apreciado en el hogar—la matanza es nacional y simultánea. Nadie está exento. Nadie va adelante. Todos sangran juntos a la misma hora, y esa hora compartida es el semillero de una sola nación. Los versículos 7, 11–13 explican para qué es la sangre. No es un amuleto mágico. Es una señal leída por Dios: «Cuando vea la sangre, pasaré de largo sobre vosotros». El juicio caerá sobre Egipto esa noche, el primogénito desde el trono hasta la cisterna, pero el destructor no es arbitrario; busca la sangre y, al encontrarla, pasa de largo. El cordero muere para que viva el primogénito. El cordero muere para que el hogar pueda hacer lo más humano imaginable—comer una comida juntos, con los lomos ceñidos y las sandalias puestas, listos para partir. Los versículos 14–20 convierten entonces la noche en una fiesta y la fiesta en un estatuto permanente. Israel debe «celebrarla como fiesta al SEÑOR por las edades». Los siete días de panes sin levadura que siguen son enmarcados como un doble acto de recordar: recordar la prisa, recordar la aflicción, recordar al Señor que os sacó. La levadura—la fermentación lenta que hincha el pan—se quita porque no hubo tiempo para dejar que la masa subiera. Lo que queda es plano, sencillo, urgente: el pan de los que tienen a dónde ir. El efecto neto del capítulo es que la fe en este pasaje no es primordialmente un estado interior privado. Es un conjunto de acciones concretas: escoger un cordero, observarlo durante cuatro días, matarlo al atardecer, untar la sangre con una rama de hisopo en el dintel y los postes, permanecer dentro de la casa marcada y comer la comida en postura de disposición. El hogar obediente es el hogar creyente. La confianza en el Señor aquí lleva un delantal y carga un recipiente con sangre.

Espaciotiempo: De pie en una noche egipcia, esperando un derrame

En el monte Sinaí durante el Éxodo, Israel estaba en el umbral del pacto, llamado a confiar en la mano libertadora de Dios y a obedecer Su palabra antes de que la ley fuera dada.

Significado: La fe es untar la sangre y permanecer dentro

Éxodo 12 le impone al lector una definición de fe. Creer aquí no es sentirse confiado de que las cosas saldrán bien. Es hacer cinco cosas muy específicas en una tarde particular, con el corazón tembloroso que se tenga. Primero, la fe es identificación. Se escoge un cordero y se observa durante cuatro días. Los ojos están puestos en un sustituto. Se aprende su rostro, su balido, quizás su nombre. El cordero llega a ser, de la manera más sencilla posible, un cuadro de algo—o de Alguien—dado en el lugar de uno. "Vuestro cordero será sin defecto" (v. 5). La palabra hebrea tamim, "sin defecto," es la misma palabra que luego se aplica a los sacrificios y, en la expectativa mesiánica, al Siervo del Señor. La fe mira una vida inocente y dice: este es por mí. Segundo, la fe es obediencia a la hora justa. "Toda la congregación reunida de los hijos de Israel lo degollará al atardecer" (v. 6). La instrucción tiene una ventana. No hay provisión para los que llegan tarde ni certificado para los piadosos. No se puede degollar el día quince y esperar que la misma sangre sirva. No se puede llegar a la puerta con el hisopo tres días después de que el destructor ya ha pasado. La fe es oportuna, porque el evangelio es oportuno, porque la misericordia de Dios es oportuna. Untar la sangre después de que el clamor ha comenzado es pararse en un porche que ya no está guardado. Tercero, la fe es una marca exterior. La sangre no es un sentimiento en el corazón; es una señal visible en el poste y en el dintel. Los ángeles no escudriñan corazones en la oscuridad; el destructor busca la sangre que ya está sobre la madera (v. 13). Lo que llama la atención es que la sangre se coloca donde el destructor entra, y que está allí públicamente—cualquiera que pasara esa noche vería que esta casa está marcada. La fe, en este capítulo, no es una virtud oculta. Tiene un lugar. Está en la puerta. Cuarto, la fe es permanecer. No se les dijo a los hijos de Israel que salieran esa noche. Se les dijo que permanecieran bajo la sangre, que comieran la cena y estuvieran listos. Algunos de los actos más difíciles de la fe son quedarse en el lugar—quedarse en el banco de la iglesia, quedarse en el matrimonio, quedarse en la sala del hospital, quedarse en la noche que aún no se ha disipado—porque la sangre está sobre la puerta. Creer no es huir de la prueba; es refugiarse bajo la cobertura debida. Quinto, la fe es anticipación. El pan es sin levadura, los lomos ceñidos, el cayado en la mano. Comen como si la mesa también fuera una puerta. La fe no es resignación a quedarse en Egipto; es la energía de un pueblo que sabe que la mañana será diferente. El mismo Dios que pasa de largo esta noche los guiará por el mar por la mañana. La fe extiende su pasaporte antes de haber cruzado la frontera. La afirmación más profunda del capítulo, por supuesto, es que este drama doméstico prefigura uno más completo. Un cordero sin defecto es escogido al comienzo de un ministerio público (Lucas 2:22–24) y sacrificado al atardecer del día catorce del mismo mes por un pueblo reunido. Los cubiertos por esa sangre no escapan del sufrimiento en el mundo, pero son marcados; el destructor, por señal dada por Dios, pasa de largo. Por esto la cena de la Pascua en Israel debe ser una fiesta perpetua "durante las edades" (v. 14): cada generación debe repasar que la salvación no es producida por el pueblo sino dada por el Señor mediante la sangre, y que lo que creemos es lo que obedecemos.

Aplica: Hoy, el Dintel y el Cordero

La fe no es abstracta. La casa en Gosén era una lista de obediencia, y también lo es el hogar de cada cristiano. Recorrer las particularidades de Éxodo 12 hasta nuestras propias puertas abre varios caminos muy prácticos. 1. Identifica tu cordero. Tómate tiempo para contemplar fijamente lo que Cristo ha hecho por ti en tu lugar. Lee esta semana una de las narraciones de la pasión en los evangelios y permanece en ella. Los israelitas tuvieron un cordero durante cuatro días; a muchos creyentes les convendría leer Isaías 53 a lo largo de cuatro días, despacio, marcándolo como marcaron la puerta. 2. Obra dentro de la hora señalada. Algunas puertas se cierran. Postergar la obediencia que ha sido mandada es una clase de ateísmo práctico: presume que el destructor podría ser flexible. Si sabes lo que debes hacer —arrepintiéndote de un pecado específico, confesando una palabra concreta, reparando una relación determinada, disculpándote con una persona en particular— hazlo hoy. Esta noche, toda la congregación sacrifica; esta noche, toda la congregación pone la sangre en la puerta. 3. Coloca la sangre de manera visible. La fe privada es honrosa, pero aquí la sangre está por fuera. Considera prácticas que sean externamente visibles y públicas: marcarte la frente con la ceniza del Miércoles de Ceniza, declarar un pacto en voz alta con tu cónyuge o tu hijo, enviar un correo electrónico explícito que fije tu palabra por escrito. Lo invisible no puede ser visto por el destructor, y lo visible honra a un Dios que obra por medio de señales ordinarias. 4. Permanece bajo la sangre. A veces el enemigo susurra: «No funcionó. Oraste y nada cambió. Huye a otro lugar». Huye, pero hacia el interior del hogar, no hacia fuera. Permanece bajo la cobertura que ya está allí. La marca está en la puerta, no en tus sentimientos. La perseverancia es la hermana gemela de la fe. 5. Come como si estuvieras partiendo. El pan sin levadura es el alimento de un peregrino. Las disciplinas cuaresmales —el ayuno, la sencillez, el minimalismo— no son hábitos sombríos. Son ensayos de un pueblo que tiene adónde ir y una patria que alcanzar. Haz espacio en tu semana para el equivalente espiritual de quitar la levadura. Despoja una habitación; aprieta un presupuesto; haz un ayuno de un hábito. Haz el pan plano de nuevo para que el viaje sea más fácil. 6. Marca el calendario. El año nuevo de Israel comenzó en el momento de la redención. El calendario cristiano se centra en el Viernes Santo y la Pascua. Resiste la lenta deriva de dejar que el tiempo comercial desplace al tiempo litúrgico. Mantén una tradición —una comida, una llaneza sin levadura, una hierba amarga de recuerdo— que ubique tu vida dentro del calendario del Señor y no en el del mundo.

Reflexión

La fe en Éxodo 12 es casi sorprendentemente concreta. No es un sentimiento acerca de la sangre, sino la aplicación de la sangre. No es un recuerdo del ángel, sino el olor de la carne asada y el ardor amargo de las hierbas. Es el desollamiento de un cordero inocente al atardecer, el golpe de una rama de hisopo contra un dintel tallado toscamente, la blancura suave del pan sin levadura rasgado con las manos. Lo que creemos es lo que ponemos en la puerta. Y sin embargo, dentro de la concreción hay una inmensa misericordia. Los egipcios también tenían postes de las puertas la noche de la Pascua. Lo que dividió las casas no fue la madera, la calidad del revoque, el tamaño de la familia o la piedad del padre. Fue la sangre. "Cuando vea la sangre, pasaré de largo sobre vosotros": una sentencia que los padres de la Iglesia leyeron como el fundamento de la fe. Agustín solía decir: "Todas las cosas ocultas que nos han llegado en sombras ahora se revelan claramente: el cordero es Cristo, la sangre en la puerta es el signo de la cruz". Al ver la sangre, el Señor pasa por encima de nuestro pecado tan fácilmente como una vez pasó por encima de Egipto. Amados, en toda época Dios está haciendo lo mismo. Está trayendo juicio sobre los príncipes de las tinieblas y sobre los altares vacíos del mundo. Está derribando a todo primogénito de rebelión en cada uno de nuestros corazones. Y en la misma noche, nos está dando una puerta que marcar y una comida que compartir. El destructor es real. La sangre es más espesa. Orad: Señor, que una vez pasaste de largo sobre las casas marcadas por la sangre, mira ahora la sangre de la Cordero. Mantennos dentro de esta puerta esta noche. Haz nuestra obediencia tan visible como sincera. Y cuando llegue la mañana, levántenos como peregrinos, con las ceñidas, las sandalias puestas, los bastones en nuestras manos, listos para seguir a dondequiera que la columna de nube nos guíe. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Vacilaron los israelitas en la fe la noche de la Pascua?

La Escritura no registra ni dudas audibles ni aclamaciones audibles, sino únicamente una obediencia regulada. La sangre está en el umbral, la familia está en la mesa, el bastón está en la mano. La fe aquí no es certeza de sentimiento; es la dirección de los pies.

¿Por qué la sangre tiene que estar en el poste de la puerta y no en el corazón?

El destructor mira lo que se puede ver desde fuera, y el que mira es el mismo Dios. «Cuando yo vea la sangre…» La sangre se coloca exteriormente porque la salvación, aunque se recibe interiormente, ha de ser confesada y marcada públicamente.

¿Por qué el cordero debe ser asado y no hervido?

Asar sobre el fuego preserva la integridad de la ofrenda; el fuego y la prisa juntos retratan el momento del juicio y la partida. La familia del pacto no tiene tiempo para el hervor lento y pausado. Necesitan una comida condensada en la noche y la llama.

¿Cómo la Pascua prefigura a Cristo?

Cada elemento de Éxodo 12 se re-narra en Cristo: un Cordero sin mancha escogido por Dios, sacrificado al atardecer del día 14 de Nisán, con sangre que limpia el dintel, y carne que se come y se vive. Pablo escribe: "Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado" (1 Co. 5,7).

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