Cuando la Lámpara se Apaga: Discerniendo un Camino que No Pertenece a Dios
Bildad describe la ruina de los impíos, sin embargo dentro de esa sombra emerge una verdad más brillante: el verdadero llamado es una lámpara que no se apaga.
Respondió Bildad de Súah y dijo: ¿Hasta cuándo dirás esas cosas, Y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso? ¿Acaso Dios torcerá el derecho, O el Omnipotente pervertirá la justicia? Si tus hijos pecaron contra él, Él los arrojó en el poder de su rebelión. Con todo, si tú buscas a Dios diligentemente, Y haces tu súplica al Omnipotente, si fueres limpio y recto, Ciertamente él velará por ti, Y restaurará la morada de tu justicia. Y aunque tu principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande. Porque yo he conocido a hombres así, Que se glorifican de sí mismos como si fueran justos. Pregunta, ahora, a las bestias, y ellas te enseñarán; A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán. O habla a la tierra, y ella te enseñará; Y te lo declararán los peces del mar. ¿Quién no entiende entre todos estos, Que la mano de Jehová ha hecho esto, En cuya mano está el alma de todo lo que vive, Y el espíritu de todo hombre? ¿Por qué muere el hombre, pues? ¿O pierde la vida el hombre, para que no pueda vivir más? He aquí, yo esperaré hasta el tiempo que venga la renovación, Y clamaré a Dios hasta que él me oiga. Aunque él me matare, en él esperaré; Pero también defenderé delante de él mis caminos. Y él mismo será mi salvación; Porque delante de su rostro no vendrá hipócrita. Oid, oid mis razones, Y esta mi declaración prestad oídos. He aquí, yo litigaré delante de él, Si plugiere a Dios hacerlo así, Le demostraré mi inocencia. Mas si él no quiere, Respira contra mí en la crueldad de su furor; Y aunque él me mata, yo esperaré en él. Con todo, no permitiré que mi boca cometa pecado, Ni haré maldición para darle muerte. ¿Por qué me quitaré yo la fuerza? ¿Por qué pondré fin a mi vida? Una cosa resta que yo diga, Y la dejaré en mi pecho: La bendición del Omnipotente dará fortaleza, Y él abrirá sus labios contra los perversos. Cuando alguno entra en el seno de la muerte, Y cuando los sepulcros le reciben, Él se holgará en la prosperidad de su casa, Y no le arrancarán de su lugar; Ni le temerán las generaciones de los suyos. Nadie entenderá sus días; Y el número de sus meses será reducido. Porque él se apresurará a cortar el pábilo de mi tienda, Y yo moriré antes de mis días. Yo me decía: ¡Oh, si me escuchases! Cuando él me aflige, no me quebranta. Porque la integridad de mis manos tengo, Y él es mi intercesor con Dios. El socorro que recibo viene de Dios, Y el justo es vestido con su gloria. Mas el malo no tiene paz, Dijo Dios.
El segundo discurso de Bildad (Job 18) cataloga el derrumbe del impío. Aunque su tono es duro hacia Job, el capítulo esboza inadvertidamente cómo luce un propósito sin Dios: una trayectoria que avanza de la luz hacia las tinieblas. Lo leemos no como el veredicto de Job, sino como un espejo para nuestra propia vocación.