De la purificación posparto a un corazón confiado: Lecciones de fe en Levítico 12
Cuando nuevas vida brota, la ley convoca a la madre al Tabernáculo de Reunión con una ofrenda — un viaje de purificación, alzando la mirada, y confianza.
DIOS habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: YO, el ETERNO, soy vuestro Dios. No haréis según las obras de la tierra de Egipto, en la cual habitasteis; ni según las obras de la tierra de Canaán, a la cual os llevo; ni andaréis en sus estatutos. Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos: YO, el ETERNO, soy vuestro Dios. Mis estatutos y mis ordenanzas guardaréis, porque quien los cumpliere, vivirá por ellos: YO soy el ETERNO. Ninguno de vosotros se acercará a su pariente próximo para descubrir su desnudez: YO soy el ETERNO. La desnudez de tu padre, o sea, la desnudez de tu madre, no descubrirás: ella es tu madre; no descubrirás su desnudez. La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o fuera de ella, no descubrirás. La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, no descubrirás; porque es tu misma desnudez. La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, nacida para tu padre, la cual es tu hermana, no descubrirás. La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás; es parienta de tu padre. La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás; es parienta de tu madre. La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás; no llegarás a su mujer; es tu tía. La desnudez de tu nuera no descubrirás; ella es mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez. La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás; es la desnudez de tu hermano. La desnudez de la mujer y la de su hija no descubrirás; ni tomarás a la hija de su hijo, ni a la hija de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas suyas; es maldad. No tomarás a la hermana de tu mujer como rival, descubriendo su desnudez en la vida de ella. No llegarás a la mujer durante la impureza de su menstruo, para descubrir su desnudez. No te acostarás con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella. No permitirás que ninguno de tus hijos sea ofrecido en sacrificio a Moloc, ni profanarás el nombre de tu Dios: YO soy el ETERNO. No te acostarás con varón como con mujer; es abominación. No tendrás ayuntamiento con bestia, contaminándote con ella. Ni la mujer se llegará a bestia alguna, para ayuntamiento con ella; es perversión. No os contaminéis con ninguna de estas cosas, porque con todas estas cosas se han contaminado las naciones que yo echo de delante de vosotros. Y la tierra fue contaminada; y yo visité su iniquidad, y la tierra vomitó a sus moradores. Vosotros, pues, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, y no haréis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros; porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de la tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada. No sea, pues, que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la gente que fue antes de vosotros. Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo. Guardad, pues, mi mandamiento, y no hagáis ninguna de estas prácticas abominables que fueron hechas antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas: YO, el ETERNO, soy vuestro Dios.
Levítico 12:1-8 establece el ritual de purificación después del parto, culminando en la expiación del sacerdote que restaura a la mujer a la comunión del pacto. La provisión para los pobres (dos tórtolas) revela a un Dios que sale al encuentro de su pueblo a la puerta del encuentro — y que valora la postura de la fe por encima del tamaño del sacrificio.