Fe y confianza

De las Tumbas al Barco: Un Salto de Fe

Cuando Jesús cruzó a la región que le pidió que se marchara, un hombre antes atado con cadenas eligió seguirle; la fe no es la ausencia de tormentas, sino el reconocimiento de Aquel que camina sobre ellas.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
TraducciónESV
Marcos 5:1-20
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Y vinieron a la otra parte del mar, a la región de los Gerasenos. Y cuando salió del barco, enseguida le salió al encuentro de los sepulcros un hombre con espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, y las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba por los sepulcros y por los montes, dando voces e hiriéndose con piedras. Y cuando vio a Jesús de lejos, corrió y le adoró; y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: ¡Sal de este hombre, espíritu inmundo! Y le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y le respondió: Legión es mi nombre; porque somos muchos. Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. Y estaba allí en el monte una gran manada de cerdos paciendo. Y le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Y se lo permitió. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la manada se precipitó por un despeñadero al mar, en número como de dos mil; y se ahogaron en el mar. Y los que los apacentaban huyeron, y lo dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era lo que había acontecido. Y vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, sentado, vestido y en su juicio cabal, al que había tenido la legión; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto, les contaron cómo había acontecido al endemoniado y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuese de sus contornos. Y entrando él en el barco, el que había sido atormentado del demonio le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Ve a tu casa, para con los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús por él; y todos se maravillaban. Y cuando Jesús pasó de nuevo en el barco a la otra orilla, se reunió mucha gente con él; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y al verle, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella, para que sea salva y viva. Y fue con él; y le seguía mucha gente que le apretaba. Y una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes iba de mal en peor, oyendo de Jesús, vino en la multitud por detrás, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en su cuerpo que estaba sana de su azote. Y luego Jesús, percibiendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose en medio de la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Y él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer, temerosa y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote. Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, oyendo esta palabra, dijo al principal de la sinagoga: No temas; cree solamente. Y no permitió que nadie viniera con él, sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto, y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué os alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él. Pero él, echando fuera a todos, tomó al padre de la niña, y a la madre, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y en seguida la niña se levantó y anduvo, pues tenía doce años. Y quedaron atónitos con gran asombro. Y les mandó mucho que nadie lo supiese; y dijo que se le diese de comer.

Marcos 5:1–20 registra el cruce milagroso de Jesús por el mar de Galilea hacia la región gentil de los gadarenos, donde liberó a un hombre poseído por una legión de demonios. El pasaje establece un contraste sorprendente: el hombre atormentado cree y se aferra a Jesús, mientras que los habitantes del pueblo, al ver solo pérdida económica, piden a Jesús que se vaya. La fe y la confianza, en esta narrativa, se revelan no en una respuesta uniforme, sino en el valor de acercarse a Cristo en medio del caos.

Narration

Preparando el escenario

Marcos 5:1–20 sigue inmediatamente a la calma de la tormenta por Jesús en el Mar de Galilea (Marcos 4:35–41). Habiendo apaciguado el viento y las olas, Jesús desembarca en la orilla oriental: la región de la Decápolis, un territorio mayoritariamente gentil al este del lago. La ciudad de Gerasa (o «país de los gerasenos») se encuentra en la región montañosa al sureste del Mar de Galilea, un área asociada con poblaciones no judías y cerdos inmundos. Josefo describe esta región en sus relatos del distrito del lago de Galilea, señalando la población mixta judía y gentil en sus alrededores (Josefo, Vida 65–67; Guerra 3.10.1). El hombre que Jesús encuentra vive entre los sepulcros, un lugar de impureza ritual (Números 19:16) y un escenario culturalmente aterrador. Se describe que había sido atado repetidamente con grillos y cadenas, y sin embargo los rompía todos; se hería a sí mismo y gritaba día y noche. Tales descripciones concuerdan con las referencias de Josefo a los afligidos por espíritus malignos en sus Antigüedades (cf. Josefo, Antigüedades 8.2.5, donde se narran los exorcismos de Salomón). La presencia de cerdos marca aún más este territorio como gentil; los lectores judíos de Marcos reconocerían de inmediato la distancia cultural que Jesús ha cruzado. La narración se despliega entonces en dos movimientos poderosos: primero, la dramática confrontación y liberación; segundo, las respuestas contrastantes: los habitantes del pueblo que ruegan a Jesús que se vaya (por temor o pérdida económica) y el hombre sanado que ruega acompañarlo. La respuesta de Jesús al hombre sanado —«Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti»— lo establece como el primer misionero a los gentiles en el Evangelio de Marcos, un tema que se desarrolla más tarde en los relatos paralelos (cf. Lucas 8:26–39; Mateo 8:28–34).

En el Lugar y el Momento

Ambientada en la era de los Evangelios a orillas del Mar de Galilea, esta reflexión explora la fe tal como se manifiesta en Marcos 5, donde el poder milagroso de Jesús se encuentra con la creencia humana.

Lo que el texto significa

Marcos 5:1–20 es una parábola teológica en forma narrativa. Contrasta dos respuestas a la presencia de Jesús: la fe del endemoniado y el rechazo temeroso de los habitantes del pueblo. El contraste expone lo que realmente significan la fe y la confianza. Primero, la fe reconoce quién es Jesús antes de que las circunstancias mejoren. El endemoniado, aun estando poseído, «corrió y se postró» ante Jesús, llamándole «Hijo del Dios Altísimo» (Marcos 5:6–7). Los discípulos, en cambio, habían dudado de la identidad de Jesús durante la tormenta (Marcos 4:38–41). La fe no es la ausencia de tormento; es la visión que atraviesa el tormento para ver al Soberano. Segundo, la confianza se demuestra al aferrarse a Jesús en lugar de controlarlo. El hombre sanado suplica ir con Jesús en la barca (v. 18)—una hermosa expresión de apego, pero también un deseo de abandonar la misma comunidad que necesita escuchar el testimonio. Jesús redirige esta confianza: «Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti» (v. 19). La verdadera confianza se somete al plan de Jesús aun cuando el nuestro se sienta más cómodo. Tercero, la fe encuentra a Jesús como Aquel que tiene autoridad sobre los poderes del caos. «Legión»—un término militar romano que sugiere entre 5.000 y 6.000 soldados—transmite la fuerza abrumadora desplegada contra un solo hombre. Jesús pronuncia una sola palabra, y la legión negocia, suplica y finalmente es enviada al mar. La cruz aún no se ha consumado, pero ya el Rey está destronando al enemigo. Cuarto, los habitantes del pueblo representan un tercer tipo de «fe»—un cálculo mundano que solo pregunta si Jesús es útil. Ven la pérdida económica (2.000 cerdos) y la perturbación social (un hombre desnudo que ahora está vestido y habla) y deciden que prefieren recuperar su viejo orden. Jesús honra su petición y se marcha. No hay milagro que obligue a creer; solo hay una invitación. Finalmente, el hombre sanado es enviado como misionero, no como discípulo en la barca. Esto anticipa la Gran Comisión (Mateo 28:19) y revela que la confianza en Jesús produce misión. El que estaba atado ahora desata a otros mediante el testimonio.

Viviendo la Palabra Hoy

¿Cómo nos habla hoy esta antigua historia del hombre poseído por demonios, cuando nuestras cadenas pueden ser invisibles pero no menos atadoras: ansiedad, adicción, vergüenza, amargura, desesperanza? 1. Lleva tus tumbas a Jesús. El endemoniado no se limpió antes de conocer a Jesús; vino tal como era, de entre los muertos. La fe no se alcanza primero por el auto-mejoramiento. Es la carrera desesperada hacia el Único que puede rehacernos. Sean cuales sean tus "tumbas" —los lugares donde has estado viviendo con dolor— Jesús ha cruzado el mar para encontrarte allí. 2. Adora antes de entender. El hombre adoró aun mientras preguntaba: "¿Qué tienes tú conmigo?". La fe a menudo coexiste con las preguntas. No tienes que resolver cada enigma teológico antes de poder postrarte ante Cristo. La adoración puede ser el acto que precede al entendimiento. 3. Somete tu "déjame ir contigo" a Jesús. Como el hombre sanado, a menudo queremos aferrarnos a la seguridad de la presencia de Jesús en lugar de ser enviados a lugares incómodos. Confiar significa aceptar que el plan de Jesús para nuestra transformación puede implicar enviarnos de vuelta —a las personas de las que huimos, al hogar que conoció nuestro peor rostro—. El testimonio del hombre sanado fue poderoso precisamente porque fue dado en la misma región que había rechazado a Jesús. 4. Cuidado con el cálculo de los habitantes. Es posible evaluar a Jesús por lo que perdemos en lugar de por lo que ganamos. Los gerasenos contaron sus cerdos y los eligieron por encima del Salvador. Hacemos lo mismo cuando medimos a Jesús por lo que Él interrumpe en nuestras rutinas, finanzas o reputaciones, en lugar de por lo que Él restaura en nuestras almas. 5. Reconoce al que tiene autoridad sobre los poderes. La Legión no pudo prevalecer contra una sola palabra de Jesús. Sea cual sea la fuerza abrumadora que te acose hoy —depresión, adicción, miedo, injusticia— Jesús habla, y el enemigo debe ceder. La fe descansa en Su autoridad, no en nuestra propia fuerza para resistir.

Reflexión

Hay una pregunta inquietante enterrada en este texto: ¿quién tiene verdaderamente fe, el hombre desnudo que grita corriendo hacia Jesús desde los sepulcros, o los habitantes vestidos de la ciudad que caminan hacia Jesús desde la ciudad? Según los estándares del mundo, los habitantes lo tienen todo en orden: ropa, vida cívica, ganado, posición social. Según los estándares de Jesús, el hombre en los sepulcros ve con claridad, mientras que los habitantes están ciegos. La fe es la capacidad de reconocer a Jesús en la disruption. El endemoniado vio más allá de la tormenta de su propia aflicción y discernió al Hijo del Dios Altísimo. Los habitantes solo vieron los cerdos ahogados y le pidieron a Jesús que se fuera. La confianza es la voluntad de ser re-dirigidos por Aquel a quien seguimos: el plan del hombre sanado era abordar la barca; el plan de Jesús era enviarlo a casa como misionero. La fe cuesta algo; siempre ha sido así. El endemoniado perdió sus demonios. Los habitantes perdieron sus cerdos. La diferencia es lo que cada uno ganó. Señor Jesús, que cruzaste el mar para encontrarte con el hombre que nadie más quisiera encontrar, cruza las distancias de nuestro orgullo y temor para hallarnos en nuestros sepulcros. Danos ojos para verte cuando las circunstancias griten lo contrario. Enséñanos a confiar en Tu envío tanto como en Tu permanencia. Y haz de nosotros, como el hombre sanado, heraldos de Tu misericordia en los mismos lugares de los que una vez huimos. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Jesús permitió que los demonios entraran en los cerdos en lugar de simplemente alejarlos?

El texto no explica por completo este detalle, pero emergen varios significados: (1) proporciona evidencia pública e innegable de que los demonios realmente salieron del hombre —2.000 cerdos ahogados son difíciles de discutir; (2) actúa como un juicio sobre la economía local, exponiendo la indiferencia de la región hacia las leyes de pureza judía; (3) revela el destino final de los demonios —no liberación sino destrucción, como en el lago final de fuego. La autoridad de Jesús sobre los espíritus se manifiesta en su incapacidad de escapar del destino que Él les ha asignado.

¿Por qué los gerasenos le pidieron a Jesús que se fuera?

Al menos tres motivaciones se entrelazan: (1) la pérdida económica: 2,000 cerdos representaban una riqueza sustancial, y calcularon que el costo de Jesús era demasiado alto; (2) el miedo: el texto dice que «estaban atemorizados» (v. 15), quizás turbados por la autoridad sobrenatural; (3) la alteración del orden social: un hombre antes rechazado por la sociedad ahora se sienta a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio, lo cual de por sí trastorna su zona de comodidad. La prueba de la fe a menudo no es si clamaremos a Jesús, sino si lo dejaremos quedarse después de que Él responda.

¿Cómo se distinguen la fe y la confianza en este pasaje?

La fe (pistis) es el reconocimiento de quién es Jesús —el endemoniado lo llama «Hijo del Dios Altísimo» (v. 7), una genuina percepción teológica. La confianza es la entrega de la dirección de la vida a Él —el hombre pide acompañar a Jesús después de ser sanado, pero Jesús lo envía de regreso como testigo. La fe es ver; la confianza es seguir. La fe es percepción; la confianza es obediencia. En este pasaje ambas son requeridas: sin la percepción de la fe, la confianza se convierte en superstición; sin la acción de la confianza, la fe permanece como habla vacía.

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