El Camino Estrecho: Lecciones de Fe y Confianza
En la recolección de dichos difíciles del Sermón del Monte, Jesús nos llama a apartarnos de la facilidad de juzgar a los demás y a seguir el camino estrecho de la fe y la confianza.
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Echa primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas, y volviendo os despedacen. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiera pan, le daría una piedra; o si le pidiera un pez, le daría una serpiente? Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos; pero el árbol malo da frutos malos. Un buen árbol no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Todo aquel, pues, que oye estas palabras mías y las hace, le compararé con un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las hace, le compararé con un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Mateo 7:1-20 (RVR1960) reúne varias de las enseñanzas más exigentes de Jesús: contra el juicio hipócrita, contra la presunción hacia las cosas santas, sobre la certeza de la oración respondida, sobre la regla áurea, sobre la puerta estrecha, y sobre el discernimiento de los profetas por sus frutos. Juntas forman un solo retrato de la vida moldeada por la fe y la confianza en el Padre.