A menos que el Señor construya: La fe que confía, no que se afana
El Salmo 127 nos llama a dejar el trabajo ansioso y abrazar al Dios que construye, vela y da.
Cántico de las subidas. De Salomón.Si DIOS no edifica la casa,en vano trabajan los que la edifican;si DIOS no guarda la ciudad,en vela el guardián en vano. En vano os levantáis tempranoy os acostáis tarde,vosotros que coméis el pan con dolor;a sus amados les da el sueño. He aquí, los hijos son herencia de DIOS;el fruto del vientre, recompensa divina. Como saetas en mano del guerrero,son los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que llena su aljaba de ellos;no serán avergonzadoscuando hablen con los enemigos en la puerta.
Un Cántico de los Ascensos atribuido a Salomón, el Salmo 127 contrasta la futilidad del esfuerzo humano aparte de Dios con la bendición que proviene de su mano. Cinco declaraciones hebreas de "en vano" (hebreo: shav') enfatizan la futilidad, mientras que los versículos 3 al 5 revelan que los hijos mismos son don y recompensa de Dios. El salmo, cantado por los peregrinos que ascendían a Jerusalén, encuadra la teología del "temor de Jehová" como el principio de la sabiduría práctica (cf. Salmo 111:10; Proverbios 1:7) tanto para los edificadores, los guardias, los trabajadores como para los padres.