Fe y confianza

Una generación que perdió su confianza

Salmo 39 nos convoca a escuchar la historia de los antepasados, para que nuestra confianza en Dios no se desvanezca en medio del olvido de sus grandes obras.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Salmos 78:1-20
Ir a leer →

Un máscarail de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclina tu oído a lo que digo. Expondré un tema, proclamaré las lecciones del pasado: cosas que hemos oído y conocido, que nuestros ancestros nos han contado. No las ocultaremos a sus hijos, contaremos a la generación venidera las alabanzas de Dios y su poder divino, y las maravillas que ha realizado. [F Dios] estableció un decreto en Jacob, promulgó una ley en Israel, ordenando a nuestros ancestros darlas a conocer a sus hijos, para que una generación futura supiera, los hijos aún por nacer, y a su vez dijeran a sus hijos, para que pusieran su confianza en Dios, y no olvidaran las grandes obras de Dios, sino que guardaran los mandamientos, y no fueran como sus padres, una generación extraviada y rebelde, una generación cuyo corazón era inconstante, cuyo espíritu no fue fiel a Dios. Como los arqueros efraimitas que fallaron en el día de la batalla, no guardaron el pacto de Dios, rehusaron seguir la instrucción divina; olvidaron lo que fue hecho por ellos y las maravillas que les fueron mostradas. [F Dios] hizo prodigios ante sus padres, en la tierra de Egipto, la llanura de Zoán. [F Dios] partió el mar y los hizo pasar, haciendo que las aguas se alzaran como un muro. [F Dios] los guio con una nube de día, y toda la noche con la luz del fuego. [F Dios] partió rocas en el desierto y les dio de beber como del gran abismo. [F Dios] hizo brotar arroyos de la roca e hizo descender aguas como un río. Pero ellos continuaron pecando, desafiando al Altísimo en la tierra árida. Poner a prueba a Dios estaba en su mente cuando exigieron alimento para sí mismos. Hablaron contra Dios, diciendo: ¿Puede Dios preparar un banquete en el desierto? Ciertamente, [F Dios] hirió la roca y brotaron aguas, los arroyos manaron; pero, ¿puede [F Dios] proveer pan y dar carne a este pueblo? Dios lo oyó y entonces se enardeció; el fuego se encendió contra Jacob, la ira se inflamó contra Israel, porque no pusieron su confianza en Dios, no dependieron de la liberación divina. Entonces [F Dios] mandó a los cielos de arriba, abrió las puertas del cielo y les llovió maná para comer, dándoles grano celestial. Cada uno comió comida de héroe; fueron abastecidos con provisión en abundancia. [F Dios] hizo moverse el viento oriental en el cielo, e impulsó con fuerza el viento del sur. [F Dios] les llovió carne como polvo, aves aladas como la arena del mar, haciéndolas caer dentro del campamento de Dios, alrededor de la morada divina. Comieron hasta quedar saciados; se les dio lo que deseaban. Aún no se habían hartado de lo que deseaban, aún estaba la comida en sus bocas cuando la ira de Dios se inflamó contra ellos. [F Dios] mató a los más robustos, hirió a la juventud de Israel. Sin embargo, ellos continuaron pecando y no creyeron en las maravillas de Dios. Sus días fueron hechos terminar en vanidad, sus años en muerte repentina. Cuando eran afligidos, volvían, y buscaban a Dios de nuevo. Recordaron que Dios era su roca, Dios Altísimo, su Redentor. Sin embargo, engañaron a [F Dios] con su habla, mintieron con sus palabras. Sus corazones eran inconstantes; fueron infieles al pacto. Pero [F Dios], siendo misericordioso, perdonó la iniquidad y no destruyó; contuvo su ira una y otra vez y no dio rienda suelta a tal furia, recordando que eran solo carne, un aliento pasajero que no vuelve. ¡Cuántas veces se rebelaron en el desierto, y causaron aflicción en la soledad! Una y otra vez pusieron a prueba a Dios, irritaron al Santo de Israel. No recordaron el poder de Dios, ni el día en que fueron redimidos del enemigo; cómo [F Dios] mostró señales en Egipto, y maravillas en la llanura de Zoán. [F Dios primero] convirtió sus ríos en sangre, haciendo sus aguas imbebibles; luego les infligió enjambres de insectos para devorarlos, ranas para destruirlos; luego entregó sus cosechas a gusanos, sus productos a langostas; luego mató sus vides con granizo, sus sicómoros con helada; luego entregó sus bestias al granizo, su ganado a los rayos; e infligió sobre ellos una ira ardiente, furor, indignación, aflicción, una banda de mensajeros mortíferos. [F Dios] abrió un camino para esa ira, y no cesó de exterminarlos, sino que los entregó a la pestilencia. [F Dios] hirió a cada primogénito [varón] en Egipto, los primeros frutos de su vigor en las tiendas de Cam. El propio pueblo de Dios fue puesto en movimiento como ovejas, conducido como un rebaño en el desierto. [F Dios] los guio con seguridad; no temieron; en cuanto a sus enemigos, el mar los cubrió. [F Dios] los llevó al santo territorio, al monte que su diestra había adquirido. [F Dios] expulsó a las naciones delante de ellos, asentó a las tribus de Israel en sus tiendas, asignándoles su porción con el cordel. Sin embargo, ellos desafiaron al Dios Altísimo, y no guardaron los decretos divinos. Se apartaron, desleales como sus padres; fallaron como un arco engañoso. Provocaron ira con sus altozaños; encendieron furor con sus ídolos. Dios lo oyó y se enojó, rechazando por completo a Israel. [F Dios] abandonó el tabernáculo de Silo, la tienda que había sido puesta entre los mortales. El poder de Dios fue entregado al cautiverio, aquel esplendor en manos del enemigo. T

Salmo 78:1-20 es un maskil didáctico de Asaf que enmarca la historia de Israel como una lección de fe y olvido. El salmo comienza llamando a la comunidad del pacto a escuchar, e inmediatamente establece el propósito de esa escucha: que las generaciones venideras pongan su confianza en Dios, guarden sus mandamientos y no lleguen a ser como la generación efraimita extraviada e inconstante que quebrantó la alianza, se olvidó de las obras wondrous de Dios y tentó al Altísimo en el desierto.

Narration

Estableciendo el escenario

El Salmo 78 se atribuye a Asaf, un cantor levítico activo durante la época de David y Salomón (1 Crónicas 16:5; 25:1). Sus versículos iniciales, sin embargo, convocan un arco de memoria mucho más amplio: el éxodo de Egipto, la división del mar, las columnas de nube y fuego, el agua de la roca en Refidim y nuevamente en Meriba. Asaf entrelaza estos eventos del desierto no como una crónica, sino como un argumento teológico. La generación que reprende es la generación del desierto, y especialmente la tribu de Efraín, cuyos arqueros de elite «faltaron a la verdad» en el día de la batalla. La lección del salmo se ofrece a una audiencia posterior — una «generación venidera »— para que la fe no se herede como una historia, sino como una confianza viva en el Dios que murió y resucitó. Aunque el Salmo 78 a veces se lee tras el fondo de la monarquía dividida y la caída del reino del norte, el texto explícito en los versículos 1-20 nos sitúa de lleno en el desierto del éxodo, donde el pacto fue dado por primera vez, donde la incredulidad del pueblo se manifestó por primera vez, y donde el patrón de las maravillas de Dios y los murmullos de Israel fue establecido por primera vez. El salmo convierte así la memoria en pedagogía: lo que los ancestros nos contaron, debemos contarlo a sus hijos, para que pongan su confianza en Dios.

El desierto como cuna de la fe

Reflexiones ambientadas en la era del Éxodo y la entrega de la Ley en el monte Sinaí y las llanuras de Moab, donde la fe de Israel fue forjada mediante el pacto, la peregrinación por el desierto y la confianza en las promesas firmes de Dios.

Las Dos Caras de la Confianza

El corazón del Salmo 78:1-20 es una definición de fe tejida a partir de tres hilos hebreos. El primer hilo es el recordar. Asaf ordena que las alabanzas de Dios, Su poder y las maravillas que Él ha realizado "no sean retenidas de sus hijos". Recordar no es nostalgia; es un acto de transmisión del pacto. El segundo hilo es la confianza. El versículo 7 dice que la generación venidera ha de "poner su confianza en Dios" (hebreo: bittah, la misma palabra repetida en los versículos 8, 22, 32). La confianza aquí no es un sentimiento, sino una orientación establecida del corazón hacia la persona de Dios. El tercer hilo es la obediencia. El salmo une ambas cosas: "que pusieran su confianza en Dios, y no olvidaran las grandes obras de Dios, sino que guardaran los mandamientos". La fe verdadera recuerda los actos de Dios y ordena su vida conforme a Su palabra. La fe y la confianza no son primeramente creencia abstracta en proposiciones; son el desarrollo de una relación que recuerda lo que Dios ha hecho y confía en lo que Dios ha dicho. El lado negativo del salmo es igualmente instructivo. La generación del desierto "no guardó el pacto de Dios" (v. 10), "rehusó seguir la instrucción divina" (v. 10), "olvidó lo que fue hecho por ella" (v. 11), "siguió pecando" (v. 17), "desafió al Altísimo en la tierra árida" (v. 17) y "puso a prueba a Dios" (v. 18). La causa raíz es nombrada tres veces en el salmo: "no creyeron en Dios" (v. 22), "no pusieron su confianza en Dios" (v. 22) y "no dependieron de la liberación divina" (v. 22). Asaf es claro: las plagas de Egipto, el retroceso del mar, el pan, el agua, la columna —ninguna de estas cosas genera automáticamente fe. Los milagros pueden ser observados sin que nazca la fe. Lo que genera fe es el corazón que se vuelve de la maravilla hacia el Dios que está detrás de la maravilla y se entrega a Él. El mismo Dios que abre el cielo para dar pan puede también "abrir las puertas de los cielos" y "hacer llover juicio" (v. 23s.) —la advertencia del salmo es que un corazón que no confía es un corazón que ya ha comenzado a incurrir en juicio. La fe, entonces, no es simplemente la ausencia de duda; es la presencia de una memoria, una confianza y una obediencia correspondiente. Cuando falta cualquiera de estas tres, la generación comienza a derivar.

Transmitiendo la fe

La carta de Asaf no es académica; es parental. Teológicamente, la aplicación de Salmo 78:1-20 es intergeneracional: no solo hemos de confesar la fe, hemos de transmitirla. Prácticamente, emergen tres movimientos. Primero, repasen las obras de Dios en su hogar. El salmo llama al pueblo de Dios a «contar a la generación venidera». Una fe que no se habla naturalmente se atrofia. No transmitimos la fe entregando a nuestros hijos un credo para memorizar, sino reuniéndolos en la mesa y recounting lo que el Señor ha hecho — oraciones contestadas, crisis superadas, providencias sostenidas. Una teología de «conocer a Dios» crece a partir del testimonio acumulado. Segundo, distingan entre ver la maravilla y confiar en el Dios de la maravilla. La generación del desierto见证 el agua, comió el pan, y aun así dudó. Los discípulos modernos pueden asistir a conferencias cristianas, leer libros cristianos, e incluso presenciar respuestas milagrosas, y aun así operar desde un corazón de autosuficiencia pragmática. La pregunta diagnóstica no es «¿He visto a Dios hacer algo?», sino «¿Estoy confiando en que Él hará lo que ha prometido?». Dicho de otro modo, la fe no está en el tanque de combustible; está en el conductor. El tanque de combustible puede estar lleno de oraciones contestadas, pero si el corazón no está comprometido con el Señor, el motor no se moverá. La rebelión de la generación del desierto no fue que dudaran del pasado; fue que dudaron de la bondad futura de Dios. Tercero, vinculen su confianza a los mandamientos, no a los sentimientos. El salmo coloca deliberadamente «guardar los mandamientos» junto con «poner su confianza en Dios». La confianza que no se expresa en obediencia es sentimiento. La confianza que resulta en práctica fiel es la que perdura en la tierra árida. La próxima vez que enfrente un momento de necesidad — una dificultad financiera, una relación que está fallando, un diagnóstico que asusta — pause y pregunte: ¿estoy a punto de exigir una señal como Israel exigió carne, o estoy a punto de recordar la roca que ya fue hendida y confiar en que el Dios que la hendió sigue siendo generoso? La respuesta de Asaf es inequívoca. El mismo Dios que hirió la roca puede extender un banquete. El mismo Dios que sostiene las aguas puede abrir los cielos. La pregunta no es si Dios puede; la pregunta es si confiaremos en Él, y luego seguiremos confiando en Él, generación tras generación.

Reflexión

Hay una particular angustia en este salmo. La tragedia de Israel no fue que Dios estuviera en silencio. Fue que Dios fue espectacularmente ruidoso — columnas de nube, muros de agua, ríos de la piedra — y aun así los corazones del pueblo eran inconstantes. La generación que catequizó a sus hijos no fue la generación que creyó por sí misma. Las preguntas que el Salmo 78 despierta en el corazón no son "¿Ocurren milagros?" — la historia, asume el salmista, resuelve eso. La verdadera pregunta es mucho más personal: "¿Por qué mi corazón aún vacila, incluso después de lo que he visto?" Esa es una pregunta que cada generación de fe debe responder. La generación mosaica respondió mal, y el fuego se encendió. La respuesta que da el salmo, sin embargo, no es "esfuérzate más por creer". La respuesta es la actividad de la comunidad que escucha. El Salmo reúne a un pueblo que cuenta, que expone, que transmite la historia. La fe se forma en el suelo de la narración. El Espíritu honra la memoria de la comunidad, y de esa memoria, generación tras generación, la confianza se reconstruye. La aplicación es suave e inflexible al mismo tiempo: reúne a alguien esta semana y cuéntale lo que Dios ha hecho. Luego date vuelta y pregunta: "¿Nosotros mismos, este año, pondremos nuestra confianza en Dios?" El salmo nos deja al borde de esa pregunta, y espera nuestra respuesta.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el Salmo 78 vincula la 'confianza en Dios' con la 'observancia de los mandamientos'?

En el pensamiento hebreo, la fe nunca es un sentimiento separado del comportamiento. Confiar en Dios es reconocerlo como Señor, y ese reconocimiento inevitablemente resulta en obediencia a su palabra. El Salmo 78 los coloca juntos para advertir que la confianza sin obediencia es mero sentimentalismo, y la obediencia sin confianza es mera formalidad.

¿Quién son los «arqueros de Efraín» en el Salmo 78:9?

Efraín era la tribu líder de las tierras altas del norte de Israel. Al llamarlos «arqueros que se volvieron atrás en el día de la batalla», Asaf utiliza una imagen militar vívida para representar a la parte de Israel que faltó a la fe bajo presión — una imagen de advertencia para toda generación que escucha el salmo.

Si Dios ya había hecho tales prodigios, ¿por qué Israel todavía no confiaba?

Esta es la pregunta central que el salmo obliga a abrir. Los prodigios no producen automáticamente fe. La fe surge del conocimiento del carácter y las promesas de Dios, no del espectáculo en sí mismo. La generación del desierto fue testigo del mar, de la roca, de la nube — sin embargo, sus corazones permanecieron «inconstantes». Los prodigios aparte del conocimiento de Dios dejan una generación que lo ha visto todo y no ha confiado en nada.

¿Dónde está la línea teológica entre la confianza y la incredulidad en el salmo?

En hebreo, 'batach' (confiar) significa colocar el peso de la vida sobre Dios y encomendarle a Él el resultado. La incredulidad, por el contrario, coloca el peso sobre las circunstancias visibles y mide a Dios por ellas. El Salmo 78 traza la línea en «no confiaron en la liberación divina» (v. 22). La verdadera confianza no es simplemente reconocer que Dios puede, sino reconocer que Dios es bueno, está dispuesto y ya está obrando.

HomeDiscoverBibleStudyMe