Arraigados en la Casa de Dios: Fe y confianza en el Salmo 92
Cuando los malvados brotan como hierba, los justos florecen como la palmera: ¿cómo produce la confianza en Dios un fruto que permanece?
Salmo. Cántico; para el día de reposo. Bueno es alabar a DIOS,cantar himnos a tu nombre, oh Altísimo, Para proclamar tu amor firme al amanecer,tu fidelidad cada noche Con salterio de diez cuerdas,con voz y lira juntamente. Me has alegrado con tus obras, oh ETERNO;doy voces de júbilo por la obra de tus manos. ¡Cuán grandes son tus obras, oh ETERNO!¡cuán profundos son tus designios! El bruto no puede saber,el necio no puede entender esto: aunque los impíos broten como la hierba,aunque florezcan todos los que hacen mal,solo es para que sean destruidos para siempre. Mas tú, oh ETERNO, eres excelso por siempre. Ciertamente, tus enemigos, oh ETERNO,ciertamente, tus enemigos perecen;todos los que hacen mal son dispersados. Tú exaltas mi cuerno como el del búfalo;saturado estoy de óleo fresco. Veré la derrota de mis enemigos vigilantes,oiré la caída de los impíos que me acosan. Los justos florecen como la palmera;crecen como cedro en el Líbano; plantados en la casa de DIOS,prosperan en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez producen fruto;están llenos de savia y frescura— dando a entender que DIOS es recto,mi roca, en quien no hay maldad.
El Salmo 92 es un cántico para el día de reposo que celebra el amor firme (hesed) y la fidelidad (emet) de Dios. Su desarrollo avanza desde la alabanza matutina y vespertina, pasando por el aparente triunfo de los malvados, hasta el florecimiento de los justos que están «plantados en la casa del Señor». El salmo fundamenta la fe no en las circunstancias presentes, sino en el carácter inmutable de Dios: sus obras, sus designios y su rectitud moral.