El fuego de la lengua: sobre el sufrimiento, el perdón y el consuelo
Cuando perdonamos al prójimo, la llama se apaga; cuando alimentamos el resentimiento, aun nuestros huesos son quebrantados.
El que toma venganza sufrirá venganza del Señor, y firmemente establecerá sus pecados. Perdona a tu prójimo el mal que te ha hecho, y entonces tus pecados serán perdonados cuando ores. ¿Puede un hombre guardar rencor contra alguien, y aún así buscar sanidad del Señor? ¿No tendrá misericordia de un hombre como él, y aún así orar por sus propios pecados? Si él mismo, siendo carne, mantiene la ira, ¿quién hará expiación por sus pecados? Recuerda el fin de tu vida, y cesa de la enemistad, recuerda la destrucción y la muerte, y sé verdadero a los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enfurezcas contra tu prójimo; recuerda el pacto del Altísimo, y pasa por alto la ignorancia. Abstente de la contienda, y disminuirás los pecados; porque el hombre dado a la ira encenderá la contienda, y el hombre pecador perturbará a los amigos e inyectará enemistad entre los que están en paz. En proporción al combustible del fuego, así será la quema, y en proporción a la obstinación de la contienda será la quema; en proporción a la fuerza del hombre será su ira, y en proporción a su riqueza acrecentará su furor. Una riña apresurada enciende fuego, y la disputa urgente derrama sangre. La Lengua Mala Si soplas sobre una brasa, resplandecerá; si escupes sobre ella, se apagará; y ambas cosas salen de tu boca. Maldito el murmurador y engañador, porque ha destruido a muchos que estaban en paz. La calumnia ha sacudido a muchos, y los ha dispersado de nación en nación, y destruido ciudades fuertes, y derribado las casas de hombres grandes. La calumnia ha ahuyentado a mujeres valientes, y las ha privado del fruto de su trabajo. El que presta atención a la calumnia no hallará descanso, ni se establecerá en paz. El golpe del azote levanta una roncha, pero el golpe de la lengua quebranta los huesos. Muchos han caído por el filo de la espada, pero no tantos como han caído por causa de la lengua. Bienaventurado el hombre que está protegido de ella, que no ha sido expuesto a su ira, que no ha llevado su yugo, y no ha sido atado con sus cadenas; porque su yugo es un yugo de hierro, y sus cadenas son cadenas de bronce; su muerte es una muerte mala, y el Hades es preferible a ella. No señoreará sobre los piadosos, y no serán quemados en su llama. Los que abandonan al Señor caerán en su poder; arderá entre ellos y no se apagará. Será enviado contra ellos como un león; como un leopardo los destrozará. Mira que cerques tu hacienda con espinos, cierres tu plata y tu oro, hagas balanzas y pesas para tus palabras, y pongas puerta y cerrojo a tu boca. Guárdate de errar con tu lengua, no sea que caigas ante el que está al acecho.
Sirácide 28:1–20 advierte que la venganza pertenece al Señor, que el perdón precede a la oración escuchada, y que la lengua es un fuego capaz de derribar ciudades. El texto es un llamado pastoral de un maestro de sabiduría: depongan la ira, absténganse de la contender, y recuerden que la vida humana es breve.