Rubén fue el primogénito de Jacob, quien perdió su primogenitura por haber profanado el lecho de su padre; aunque en una ocasión intentó rescatar a José de manos de sus hermanos, su vida es un testimonio de la elección soberana de Dios que trasciende el linaje natural.
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Vida e historia
Rubén fue el primogénito de Jacob y Lea, y su nombre significa "He aquí un hijo", conmemorando el cuidado del Señor hacia Lea. Su nacimiento marcó la expansión de la familia de Jacob y significaba que naturalmente heredaría toda la dignidad y autoridad debidas al primogénito. Sin embargo, pronto cayeron sombras sobre la vida de Rubén. La Escritura registra que se acostó con la concubina de su padre, Bilha, un acto considerado una grave transgresión contra el orden ético y familiar de la época, que provocó la feroz ira de su padre. Cuando Jacob pronunció su bendición final y habló de la preeminencia debida al primogénito, sus palabras conllevaron un tono complicado: la dignidad debió haber sido grande, pero se perdió por una conducta desenfrenada. El día en que los hermanos de José conspiraron contra él, Rubén mostró un lado diferente. Cuando escuchó su plan, intentó librar a José de sus manos y les urgió que no le quitaran la vida. Echó a José en un pozo con la intención de restaurarlo después, sano y salvo, a su padre. Sin embargo, los hermanos vendieron a José a Egipto mientras Rubén estaba ausente, y su plan fracasó. Años después, cuando los hermanos se enfrentaron a José en Egipto, Rubén recordó con angustia su advertencia anterior: "¿No os hablé yo diciendo: No pequéis contra el joven; y no escuchasteis? he aquí también su sangre es requerida." La vida de Rubén revela el peso de la autoridad y la responsabilidad que vienen con la primogenitura, así como la elección de Dios que no depende del linaje humano ni del orden de nacimiento. Aunque en una ocasión luchó por proteger a su hermano y más tarde asumió riesgos por Benjamín, y aunque sus cuatro hijos se convirtieron en una de las tribus de Israel, la bendición del primogénito que perdió fue finalmente transferida a los dos hijos de José, Efraín y Manasés, mientras que el reinado prometido y la bendición pasaron a la tribu de Judá. La historia de Rubén recuerda a los lectores que el honor fluye de un carácter fiel más que de una posición heredada, y que los propósitos de Dios están por encima del linaje humano.