La Copa Amarga y el Clamor del Ermitaño: Lamento y Consuelo en Jeremías 9
Cuando la lealtad se extingue, el profeta anhela el desierto; cuando las heridas son profundas, Dios mismo purifica al remanente. El sufrimiento no es el final: después de la refinación, queda el consuelo.
¡Oh, que yo estuviera en el desierto, en una estación para caminantes! ¡Oh, que yo pudiera dejar a mi pueblo, y alejarme de ellos! Porque todos ellos son adúlteros, cuadrilla de traidores. Tensen su lengua como arco; se valen en la tierra de la mentira, no de la fidelidad; pues de mal en mal se van, y no me conocen—declara el SEÑOR. Cada uno se guarde de su compañero, y no confíe ni en su hermano; porque todo hermano engaña, y todo amigo anda difamando. Cada uno engaña a su compañero, no hablan verdad; han adiestrado su lengua para hablar mentira; se afanan por obrar perversamente. Tú moras en medio de engaño; por causa del engaño rehúsan conocerme—declara el SEÑOR. Por tanto, así dice el SEÑOR de los ejércitos: He aquí, yo los refinaré y los probaré. Porque ¿qué más puedo hacer a causa de mi pueblo? Su lengua es saeta disparada; con su boca habla de paz a su prójimo, pero en su interior le pone asechanzas. ¿No los castigaré por estas cosas?—dice el SEÑOR. ¿De tal nación no se vengará mi alma? Por los montes levantaré llanto y alarido, y llanto por los pastizales del desierto; porque están desolados, y nadie va por allí, ni se oye sonido de ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias, han huido y se han ido. Convertiré a Jerusalén en montones de ruinas, en madriguera de chacales, y haré que las ciudades de Judá queden asoladas hasta no quedar habitante. ¿Quién es hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca del SEÑOR, para que lo pueda anunciar? ¿Por qué causa la tierra ha sido destruida, y desolada como un desierto, hasta no haber quien pase por ella? Y respondió el SEÑOR: Porque dejaron mi ley, que puse delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella; antes se fueron tras la intrepretación de su corazón y tras los Baales, según les enseñaron sus padres. Por tanto, así dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí, yo a este pueblo daré a comer ajenjo, y le daré a beber agua de hiel. Y los esparciré entre las naciones que ellos no conocieron, ni sus padres; y enviaré espada tras ellos, hasta que yo los haya consumido. Así dice el SEÑOR de los ejércitos: Escuchad, y llamad plañideras, que vengan; y enviad por las sabias, que vengan. Dense prisa, y levanten llanto sobre nosotros, y derramen nuestros ojos lágrimas, y nuestros párpados manen aguas. Porque voz de endecha se oye desde la puerta de Sion: ¡Cómo estamos destruidos! ¡Cuánto nos avergonzamos! Porque dejamos la tierra, y abandonaron nuestras moradas. Oíd, pues, mujeres, palabra del SEÑOR, y reciba vuestro oído la palabra de su boca; y enseñad endechas a vuestras hijas, y cada una a su compañera la lamentación. Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, para cortar a los niños de las calles, y a los mancebos de las plazas. Habla así—dice el SEÑOR: Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo, y como manojo detrás del segador, que no hay quien lo recoja. Así dice el SEÑOR: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas el que se hubiere de alabar, alójese que tiene entendimiento y me conoce; porque yo soy el SEÑOR, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero—declara el SEÑOR. He aquí, días vienen—declara el SEÑOR—en que tomaré cuenta de todo hombre circuncidado en su prepucio: de Judá, de Edom, de los hijos de Amón y de Moab, y de todos los que se rapan los cabellos del templo, los cuales habitan en el desierto; porque todas estas naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.
Jeremías 9:1–20 abre con el profeta llorando por su pueblo y termina con Dios prometiendo ajenjo y dispersión. Entre los dos polos del duelo y el juicio corre un solo hilo: el Dios fiel no abandonará a Su pueblo, aun cuando deba disciplinarlo.