El Consolador antes del Cáliz
Cuando la tristeza llena los corazones de los discípulos, Jesús promete el Consolador: convirtiendo el sufrimiento anticipado en una puerta de gracia sostenida.
Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; aun viene la hora, en que cualquiera que os mate, pensará que hace servicio a Dios. Y estas cosas os harán, porque no han conocido al Padre, ni a mí. Mas os he hablado esto, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he hablado estas cosas, la tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga aquel Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará de su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis. Entonces dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis? Y: Porque yo voy al Padre? Decían pues: ¿Qué es esto que dice, Un poco? No entendemos lo que habla. Jesús entendió que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Un poco, y no me veréis, y otra vez un poco, y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque es llegada su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo. Y en aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en proverbios; la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, sino que claramente os anunciaré del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Le dijeron sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? He aquí, viene la hora, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Juan 16:1–20 se sitúa dentro del discurso del Aposento Alto. Jesús habla abiertamente sobre la persecución venidera, y luego redirige el dolor de los discípulos hacia el don del Espíritu, el «Consolador» (paraklētos), cuya llegada reencuadrará toda pérdida.