De Esclavo a Hijo: El Viaje de una Fe que Crece
En Gálatas 4, Pablo nos recuerda que la verdadera fe no es un retorno a la servidumbre legal, sino vivir en la identidad de los hijos de Dios.
Pero digo que mientras el heredero es niño, nada difiere de un siervo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y mayordomos hasta el día señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en servidumbre bajo los rudimentos del mundo; pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por Dios. Pero en aquel tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora que habéis conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo volvéis otra vez a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales de nuevo queréis servir? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Temo de vosotros, que quizá haya trabajado en vano en vosotros. Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me he hecho como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho; pero sabéis que os prediqué el evangelio la primera vez a causa de una enfermedad de la carne; y no tuvisteis en poco mi tentación que estaba en mi carne, ni la desechasteis, antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde está, pues, vuestra satisfacción? Porque yo os doy testimonio de que, si posible fuera, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos. ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, diciéndoos la verdad? No os buscan bien; antes, procuran excluiros, para que vosotros los busquéis a ellos. Bueno es ser solicitado con buen celo en todo tiempo, y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos, de quienes vuelvo a estar en dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros; pero quisiera estar con vosotros ahora, y mudar mi tono, porque estoy perplejo acerca de vosotros. Decidme, vosotros que queréis estar bajo la ley: ¿no oís la ley? Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, y otro de la libre. Pero el de la sierva nació según la carne; mas el de la libre nació por la promesa. Estas cosas son alegóricas; porque estas mujeres son dos pactos: el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para servidumbre, el cual es Agar. Y esta Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén que ahora es, y está en servidumbre con sus hijos. Pero la Jerusalén de arriba es libre, la cual es madre de todos nosotros. Porque escrito está: Regocíjate, oh estéril, que no das a luz; Prorrumpe y clama, tú que no estás de parto; Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido. Así nosotros, hermanos, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que nació según la carne perseguía al que nació según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo, porque el hijo de la sierva no heredará con el hijo de la libre. Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Gálatas 4:1–20 captures Pablo's pastoral heart: he warns the Galatians against turning back to the 'weak and beggarly elements' after experiencing the freedom of adoption as sons and daughters. The passage traces faith from childhood bondage, through redemption by Christ, to the Spirit-given cry of 'Abba, Father.'